Cambio climático y guerras: el medio ambiente y su injerencia en la paz mundial

Calentamiento global, escasez hídrica y desplazamientos poblacionales se presentan como nuevos actores en el escenario geopolítico. Los desafíos de cara al futuro desde la mirada de organismos y especialistas.

El cambio climático se instaló en las principales agendas de discusión a nivel social en los últimos años, al punto de ser un factor central en los debates de índole ambiental, económico e incluso de geopolítica internacional. 

Calentamiento global, recursos naturales en disputa, desplazamiento de poblaciones son elementos que especialistas y organismos varios observan con preocupación por su injerencia en el desarrollo de guerras. Con una presencia creciente desde hace al menos una década, la cuestión climática es un campo de disputa ya no del nicho exclusivo del activismo ambiental, sino de la política internacional en su conjunto.

Ya en la llamada “encíclica verde” Laudato Si’ de mayo de 2015, el Papa Francisco planteaba un mensaje clave sobre la cuestión ambiental como una preocupación urgente para las naciones. Ejes tales como la pérdida de la biodiversidad, el debate sobre el agua, pero también la “degradación social” se destacaban en el mensaje del sumo pontífice, anticipándose a cómo este tipo de elementos se convertirían en determinantes de paz mundial o conflictividad bélica.

Ese mismo año, el especialista en fenómenos climáticos Andrew Freedman, en su artículo “Seeds of war” afirmaba que el calentamiento global “contribuyó” a que estalle la guerra civil en Siria a partir de 2011. En su artículo, explica cómo los procesos de sequía desencadenados en ese país desde 2007 generaron desplazamientos de población rural, factor que profundizó la inestabilidad del país, ya latente por esos años. Tiempo antes, un informe de la organización International Alert vaticinaba que la “inestabilidad política y la mala gobernanza” dificultarían cada vez más la adaptación a los cambios climáticos y, en consecuencia, afectarían los riesgos de violencia. 

Ya para 2020, desde el Comité Internacional de la Cruz Roja señalaron que, de los 20 países de mayor vulnerabilidad climática, la mayoría estaba en guerra. Balances como este pusieron el foco de atención en la correlación directa o indirecta entre las transformaciones ambientales y los conflictos armados y viceversa. El pasado 2024, un comunicado de Naciones Unidas advirtió sobre cómo la tormenta La Niña en África podría afectar a múltiples “puntos críticos de hambre” y sus sistemas de asistencia alimentaria. Entre las zonas críticas más destacadas figuraban Mali, Haití, los territorios ocupados en Palestina, Sudán, entre otros. 

Asimismo, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) lanzó un informe el año pasado donde estima que, de un total de 120 millones de personas movilizadas de manera forzada al huir de guerras en todo el mundo, un 75% proviene de territorios afectados por el cambio climático. 

Cambio climático y disputa geopolítica 

Al dimensionar los debates mundiales del siglo XXI, el investigador tunecino Achref Chibani afirmó que habrá que relacionar lo geopolítico y lo meteorológico. “Geopolítica, globalización y cambio climático” del especialista de la Universidad de San Andrés Federico Merke y divulgado por la ISBC Fundación, es un documento que aborda cómo las nuevas potencias en el escenario mundial se preparan para hacer frente al clima como factor determinante. 

Allí, el autor hace énfasis en los desafíos de la relación entre “clima y política” desde varios ángulos. Entre ellos, se plantea la necesidad de repensar la infraestructura militar de las potencias a la luz del cambio climático. El documento sostiene que varios gobiernos de occidente invierten recursos en políticas de prevención ante el cambio climático sin reparar primero “la propia contribución del sector militar” a ese mismo cambio.

En tanto, el documento también advierte sobre el riesgo de la “narrativa populista” que rechaza la mirada del cambio climático y el anclaje científico que lo sostiene, en especial en retóricas negacionistas como la de Donald Trump y otros liderazgos europeos. La irrupción de este tipo de discursos en buena parte del escenario mundial ha marcado posiciones clave en materia de conflictos geopolíticos.  

El agua ¿el botín de guerra de este siglo?

Otra de las grandes aristas del cambio climático y su injerencia en el desarrollo de conflictos geopolíticos y bélicos es en el plano de la pelea por los recursos naturales. En particular, sobre el agua. Si bien las extensiones fluviales han sido territorio de disputa histórica en términos de vías de transporte y enclaves militares estratégicos, en este caso el agua como recurso en sí mismo se convierte en eje central de batalla. 

En su trabajo “Emergencia climática y conflictos: retos para la paz en la región MENA”, la investigadora Pamela Urrutia Arestizábal destaca cómo el dominio sobre el agua puede ser catalizado como un “mecanismo de presión” o incluso un “arma de guerra” de unas naciones sobre otras. Con el foco puesto en la región MENA (Oriente Medio y Norte de África), la autora del informe entrecruza las relaciones entre la situación del agua a nivel mundial, el cambio climático y los intereses crecientes de las potencias. Las crisis alimentarias, de producción agrícola, potencialidades energéticas acuíferas, entre otros puntos, vuelven al agua un “botín” en disputa. Según detalla, el 60% de la población desplegada en la región MENA vive en zonas de muy alto “estrés hídrico” (es decir, con un consumo que supera el nivel de recurso renovable). Las variaciones en las precipitaciones en la zona como producto del cambio climático, representan uno de los mayores factores en este problema, según indica el informe.