Hablar del Holocausto es hablar de uno de los episodios más trágicos de la historia contemporánea. Detrás del asesinato de casi seis millones de judíos europeos hubo años de discriminación, persecución y medidas cada vez más radicales que terminaron convirtiendo el antisemitismo en una política de exterminio.
Siglos de persecución antes del Holocausto
El término Holocausto proviene del griego antiguo y significa “quemarlo todo”. Antes de la Segunda Guerra Mundial, esta palabra ya era usada para describir la muerte de un gran grupo de personas, pero desde 1945 se convirtió en un sinónimo del asesinato de judíos europeos durante esa misma guerra.
La causa principal fue la intención de los nazis de erradicar a los judíos. Ese espíritu asesino surgió de una ideología antisemita que los nazis alimentaron durante años, basada en siglos de hostilidad hacia los judíos, racismo y nacionalismo moderno.
Los judíos en Europa fueron discriminados y perseguidos durante cientos de años, generalmente por cuestiones religiosas. Así fue como se los llegó a considerar responsables de la muerte de Cristo. En la Edad Media vivían en zonas apartadas, barrios separados o guetos. También eran excluidos de algunas profesiones y, en tiempos de disturbios, eran señalados como chivos expiatorios. Alrededor del año 1350, fueron expulsados y perseguidos. En Rusia, después del asesinato del zar Alejandro II, se produjeron incidentes violentos llamados pogromos, donde los judíos fueron atacados o asesinados en grupos.
Cuando surgió el pensamiento racial del siglo XIX, se originó la idea de que los judíos constituían una raza diferente, por lo que no pertenecían a la nación donde se encontraban.
Cómo creció el odio hacia los judíos
En 1918 Alemania perdió la Primera Guerra Mundial y los extremistas de derecha culparon a los judíos de las consecuencias económicas de la guerra. También acusaron a los judíos por ser explotadores capitalistas, beneficiándose a costa de otros. Al mismo tiempo, los consideraban partidarios del comunismo y les atribuían la intención de tomar el poder mundial.
Hitler dejó entrever en su libro y en sus discursos que odiaba a los judíos y que no había lugar para ellos en Alemania. A pesar de ello, no existía un plan sistemático para el asesinato masivo. Por eso, se considera que el Holocausto fue resultado de una serie de decisiones influenciadas por las circunstancias del momento.
En 1938, judíos polacos fueron expulsados de Alemania y en 1940 judíos alemanes fueron enviados a Polonia y Francia, que estaban bajo ocupación, pero los nazis no se interesaron por su destino. Durante la Segunda Guerra Mundial, surgió la idea en el seno nazi de asesinar a todos los judíos europeos. Por la competencia entre los diferentes departamentos gubernamentales surgían medidas cada vez más radicales contra los judíos.
De la persecución al exterminio
Entre 1933 y 1939, el objetivo de los nazis era expulsar a los judíos de Alemania, impulsándolos a que emigraran. Para ello, les limitaron las posibilidades de cubrir sus necesidades básicas y restringieron cada vez más los lugares a los que podían entrar. En 1935, además, fueron promulgadas las leyes raciales de Núremberg, que limitaron aún más la libertad de los judíos. El asesinato en masa fue posterior a la política de deportación masiva. La “solución final a la cuestión judía” tomó la forma de genocidio en 1942. En la Conferencia de Wannsee, funcionarios nazis discutieron la ejecución del plan de asesinato de once millones de judíos que vivían en Europa.
Bajo el nombre de Operación Reinhard, los nazis construyeron varios campos de exterminio donde las víctimas eran asesinadas apenas llegaban en cámaras de gas alimentadas con emisiones de motores diésel. En noviembre de 1943 culminó la operación. Los campos fueron desmantelados y los nazis plantaron árboles para borrar sus crímenes. Durante esta operación fueron asesinados 1,75 millones de judíos.
