Polarización extrema: la fractura social como riesgo para las democracias

Tensiones identitarias, económicas y políticas combinadas con la emocionalidad exacerbada de las redes sociales y los medios. La polarización social se convirtió en un tema de debate entre quienes advierten allí un problema para la coexistencia pacífica.

Varios fenómenos políticos acontecidos en diversas regiones del mundo muestran un denominador común en las tendencias a la polarización extrema. Diferencias en lo ideológico, lo social, lo económico y otros factores que, frente a diversos tópicos de discusión política, escalan a un nivel que terminan por erosionar la convivencia de los grupos sociales. 

Este proceso ha sido recurrente en los últimos años y se multiplica en polarizaciones tanto nacionales como también regionales e internacionales. Desde hace años, diferentes temas y regiones se convirtieron en casos notables que especialistas toman para advertir cómo las grietas ideológicas llevadas al extremo pueden poner en jaque las democracias.

Según el balance Edelman Trust Barometer de 2023, Argentina figuraba entre los seis países de polarización más “severa” en todo el mundo. Detrás continuaban Colombia, Estados Unidos, Sudáfrica, España y Suecia. Según el informe, de estas naciones, Argentina es el país con polarización de mayor “arraigue”, es decir, cuya división se ve más imposibilitada de ser superada a futuro. Países como Argentina, Estados Unidos o España son claros ejemplos, en este siglo, de fuertes fracturas llevadas a extremos que han bordeado los límites de la convivencia democrática.

La llamada polarización no es un fenómeno nuevo. Ya desde los años 70, el tema fue motivo de interés en Estados Unidos, en un marco social de injerencia de lo racial, lo étnico y las posiciones bipartidistas en torno a temáticas como los conflictos bélicos. En tanto, los procesos de las últimas décadas reformularon las polarizaciones, ahora basadas en conflictividades como las oleadas migratorias, las crisis económicas, la irrupción de nuevos populismos, los debates en torno a nacionalismos y globalismos, y las minorías como actores políticos emergentes. 

Un trabajo del Instituto Catalán Internacional para la Paz (ICIP), sugiere ya desde el título que “una polarización intensa debilita la democracia”. En el marco de un estudio sobre regiones como Hungría, Venezuela, Estados Unidos, el ICIP sugiere que cuando determinadas figuras políticas apelan a categorías como la inmoralidad o la corrupción, dividen a la sociedad en “tribus”. Esta mirada ubica a los propios políticos como alimentadores de la polarización. A esta ecuación, en tanto, debe sumarse remanentes de conflictos políticos históricos previos que afectan las identidades ideológicas de la población.

En América latina, Brasil y Argentina presentan ejemplos claros de la polarización política como detonante del quiebre de la coexistencia democrática. Por un lado, el intento de asesinato del ex presidente brasilero Jair Bolsonaro durante su campaña electoral en 2018. Por otro lado, el intento de asesinato en 2022 de la entonces vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner. Ambos episodios se dieron situados en respectivos escenarios de agitación política y electoral en cada país. Ambos fueron actos resultantes de escaladas previas de hostilidad ideológica alrededor de ambas figuras, tanto en la sociedad civil como en los medios de comunicación y a nivel institucional.

Según observaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (UNDP), en la región de América Latina y el Caribe el nivel de polarización política es el más alto en 20 años (superada solamente por Europa del Este y Asia Central). El artículo “Conmigo o en mi contra” divulgado por el organismo en 2023 muestra la evolución exponencial desde principios del 2000, con un punto de aumento fuerte a partir del año 2015 hasta la fecha. Según el artículo, dos factores que han alimentado este proceso son la identificación y la alienación como motores sociales. 

España polarizada alrededor de la inmigración

Las nuevas oleadas migratorias se instalaron en el debate de todo el continente europeo. En España, en particular, este factor generó una fuerte polarización social que hoy cobra forma en segmentos políticos específicos. En su investigación “La inmigración como tema polarizador en España”, los especialistas Juan José García Escribano, Esther Clavero Mira y Kaoutar Bakdid Albane señalan como un tema específico dispara polarizaciones en torno a lo económico, lo identitario y lo civil, “exacerbando tensiones políticas”. 

Fenómenos como la inmigración, según plantea el trabajo, ha sido recipiente de posiciones xenofóbicas, islamofóbicas y racistas que, en muchos casos, encontraron cauce político en derechas e izquierdas locales como el PSOE o Vox. Además, sostiene que las personas que rechazan la inmigración, tienden a ser más polarizadas, de modo que la polarización tiende a inclinarse hacia la hostilidad. 

Redes sociales como dispositivos de polarización

En su libro “Nosotros contra ellos: cómo trabajan las redes sociales para confirmar nuestras creencias y rechazar las de los otros”, los autores Ernesto Calvo y Natalia Aruguete analizan el rol de las redes sociales en el deterioro de la convivencia democrática. En su trabajo, ambos especialistas subrayan que, a las divisiones ideológicas, las redes añaden un estímulo exacerbado de emociones profundo y efectos en el estado de ánimo. Basado en estudios en países ya mencionados como Argentina, Colombia, Estados Unidos y México, el trabajo advierte que, en escenarios de crispación social, los contenidos que circulan en redes sociales pueden estimular la percepción de que “hay un enemigo en cada persona” que piensa diferente.