Rusia está reclutando personas extranjeras para combatir en Ucrania. Una investigación de Amnistía Internacional advierte que detrás de estos reclutamientos hay ofertas de trabajo engañosas, promesas de dinero y ciudadanía rusa, además de situaciones de coacción y explotación. Lo que para muchas personas comienza como una oportunidad para mejorar su situación económica o migratoria puede terminar con esas personas en el frente de batalla.
De una oferta de trabajo al frente de batalla
El reclutamiento fuera de Rusia se realiza, en varios casos, mediante ofertas de empleo engañosas, en las que agentes de reclutamiento locales e intermediarios en países como Sri Lanka, Colombia, Perú, Brasil o Sudáfrica atraen a personas vulnerables con ofertas de trabajos civiles bien remunerados en seguridad, construcción, logística o tecnología. Al llegar a Rusia, a los reclutas se les presentan documentos redactados únicamente en ruso, que se ven obligados a firmar sin traducción ni explicación. En algunos casos, entre los documentos firmados había contratos militares y poderes notariales que permitían a terceros acceder a sus cuentas bancarias y realizar transferencias. En otros casos, el reclutamiento se realiza por internet mediante anuncios falsos de empleo en otros países, por ejemplo, ofertas de trabajo de chofer en Polonia que resultan en traslados forzados a Moscú.
Migrantes y refugiados, entre la presión y las promesas
También se documentaron casos de migrantes y estudiantes extranjeros en situaciones de vulnerabilidad, como personas con permisos de residencia vencidos o que enfrentaban cargos penales menores. También se documentaron situaciones en las que funcionarios de migración informaron a personas extranjeras sobre la posibilidad de firmar un contrato militar para evitar sanciones como multas, detenciones o deportaciones. A su vez, Amnistía documentó el caso de un refugiado de África central que fue amenazado con la deportación si no se enlistaba en las fuerzas armadas rusas.
En varios casos, a los reclutas se les presenta el servicio como una tarea de apoyo no combatiente lejos del frente, como cocineros o conductores. La estricta censura de guerra en Rusia y la persecución de la libre expresión dificultan que los reclutas conozcan la verdadera escala del conflicto y los riesgos a los que se exponen. La posibilidad de obtener la ciudadanía rusa aparece como un incentivo importante para personas en situaciones de vulnerabilidad económica o migratoria.
Sin preparación y cada vez más cerca del frente
La instrucción militar suele durar alrededor de dos semanas y, según testimonios recogidos por Amnistía, resulta insuficiente para afrontar las condiciones del frente. Las barreras idiomáticas también dificultan la comunicación con los mandos militares y la comprensión de las órdenes. A los reclutas se les incautan sus pasaportes, teléfonos y documentos personales a su llegada. La falta de pasaporte les priva de la libertad de movimiento en Rusia y los expone a detenciones arbitrarias. Los intentos de abandonar el servicio o negarse a ir al frente también fueron respondidos, según los testimonios recogidos, con amenazas de prisión o muerte.
El Protocolo de Palermo establece que la trata de personas puede configurarse cuando la captación, el traslado o la recepción de personas se realizan mediante engaño, coerción o abuso de una situación de vulnerabilidad con fines de explotación. Para Amnistía Internacional, varias de las prácticas documentadas en estos reclutamientos presentan elementos que pueden constituir trata de personas.
Detrás de una oferta de trabajo, una promesa de ciudadanía o la posibilidad de conseguir mejores ingresos puede esconderse una realidad muy distinta.
Los casos documentados por Amnistía Internacional vuelven a mostrar que la esclavitud y la explotación pueden adoptar nuevas formas. En esta línea, estos casos también dialogan con una idea que Guillermo Whpei viene señalando desde hace años: la esclavitud no desapareció, sino que encontró nuevas formas de explotación. En este caso, la guerra se convierte en el escenario donde esas prácticas ponen en riesgo la libertad, la dignidad y hasta la vida de personas que fueron reclutadas bajo engaños, promesas o presiones.
