De represa gigante a río fantasma: qué pasó en la Volta Grande 

El río Xingu ya no corre como antes. En la Volta Grande, uno de los tramos más importantes del río, la represa de Belo Monte desvió gran parte del agua y cambió la dinámica de una zona de la Amazonía donde el río forma parte de la vida diaria.

Y eso se nota. Hay peces que ya no encuentran las mismas condiciones para reproducirse, frutos que caen cuando todavía no deberían y comunidades indígenas que perdieron una de sus principales fuentes de alimento. Ahora, además, aparece otra preocupación: una mina de oro a cielo abierto que estaría a pocos kilómetros de Belo Monte. 

Un río que ya no es el mismo

La revista estadounidense de periodismo ambiental Yale Environment 360 publicó un artículo sobre lo que viene pasando en la región. Según la publicación, el complejo de Belo Monte desvió gran parte del caudal del río Xingu por un canal artificial y redujo hasta un 80% el agua que llegaba a Volta Grande. 

Pero el problema no es solo que llegue menos agua. El río tampoco sube y baja como antes. Y para quienes viven de él, eso cambia las cosas. 

Cuando el agua baja antes, los huevos de los peces se secan en aguas poco profundas. Los frutos de los bosques inundables caen en tierra seca. Cuando el agua sube en un momento que no corresponde, puede terminar destruyendo los nidos de la tortuga tracajá.

Para los Yudjá, cuyo nombre significa “dueños del río”, esto es un impacto directo. También lo es para otras comunidades ribereñas de la zona. La pesca cambió y conseguir alimento ya no es como antes.

Algunos pobladores tuvieron que trasladarse a Altamira, una ciudad que el artículo identifica entre las más violentas de Brasil.

Y después está la sequía

Belo Monte también tiene un problema con la falta de agua. Durante la estación seca, la represa puede funcionar muy por debajo de su capacidad. En septiembre de 2024 llegó a operar a menos del 3% debido a sequías históricas. 

Y el panorama no parece demasiado alentador. Los modelos climáticos citados por Yale Environment 360 proyectan que el caudal del Xingu podría reducirse hasta un 50% en las próximas décadas. Entre las causas aparecen el cambio climático y la deforestación de la Amazonía. 

La Volta Grande tiene unos 129 kilómetros y ya viene atravesando estos cambios. Ahora se suma Belo Sun, una mina de oro a cielo abierto que estaría ubicada a 10 kilómetros de Belo Monte. 

El reclamo llegó hasta Naciones Unidas

En abril de 2025, cuando se publicó el artículo de Yale Environment 360, la licencia de operación de Belo Monte estaba vencida. Para ese momento, el pueblo Yudjá, científicos e integrantes del Instituto Socioambiental (ISA) habían elaborado una alternativa: el hidrograma de Piracemas.

La propuesta buscaba recuperar parte del comportamiento que tenía el río antes de la represa. La idea era liberar entre el 70% y el 80% del volumen histórico promedio del Xingu, para que la fauna acuática pudiera recuperar algunos ciclos que necesita para reproducirse. 

Pero la propuesta no tuvo el camino fácil. El Ministro de Minas y Energía y de Norte Energía se opusieron.

La discusión siguió en 2026. En agosto, la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) y la Alianza de la Volta Grande do Xingu (AVGX) llevaron el reclamo a Naciones Unidas.

Allí, señalaron que hay incumplimientos de parte del Estado como de la Empresa Belo Sun Mining Corp al no garantizar el derecho a una consulta libre, previa e informada.

El reclamo es por el “Proyecto Volta Grande”, una iniciativa de minería de oro a cielo abierto en la Amazonía. Está ubicada en el municipio de José Porfírio, estado de Pará. Este proyecto contempla el uso de cianuro, explosivos y una gran presa de relaves. Y está ubicada a solo 10 kilómetros de Belo Monte.

Para AIDA y la AVGX, la aprobación de la licencia de instalación es suficiente para pedir que Naciones Unidas intervenga.

Mientras todo esto pasa, el Xingu sigue ahí. Y para quienes viven en la Volta Grande, el río no es solamente parte del paisaje. Es comida, trabajo y una forma de vivir.

Por eso, cuando cambia el río, no es solo eso. Cambian los peces, los frutos, los tiempos de pesca y hasta las posibilidades de vivir ahí.

Los Yudjá y otras comunidades de la zona vienen atravesando los efectos de Belo Monte, las sequías y la deforestación. Ahora también tienen que sufrir las consecuencias del nuevo proyecto minero.

La preocupación por Belo Sun no tiene que ver solamente con la extracción del oro. También tiene que ver con lo que pueda pasar en una zona que ya fue bastante golpeada.

El reclamo llevado a Naciones Unidas vuelve a poner sobre la mesa la situación de las comunidades y su derecho a ser escuchadas antes de que decidan sobre su futuro.

Al final, queda dando vueltas una pregunta: ¿Qué pasa con un río cuando se lo cambia tanto que quienes viven de él ya no pueden hacerlo?