A partir de 1942, los nazis intensificaron las deportaciones de judíos desde los territorios ocupados de Europa.
Los traslados se realizaban en trenes, muchas veces en vagones para animales abarrotados,con destino principalmente a Europa Oriental. La mayoría de los deportados terminaba en el campo de Auschwitz-Birkenau, aunque también eran enviados a otros campos de concentración y exterminio.
Auschwitz-Birkenau funcionaba como campo de trabajo y exterminio. Al llegar, los prisioneros eran separados según su edad, estado de salud y capacidad para trabajar. Quienes no podían realizar trabajos forzados eran enviados directamente a las cámaras de gas, mientras que los demás eran obligados a trabajar en condiciones extremas. Recibían muy poca comida y de mala calidad, vivían con condiciones de higiene muy precarias y sufrían maltratos constantes.
Los judíos también eran deportados desde otros territorios ocupados en Europa. Entre 1943 y 1944 comenzaron los traslados masivos desde Italia, Hungría, Grecia, Turquía y los Balcanes. En los últimos meses de la guerra, miles de judíos y otros prisioneros murieron durante las llamadas “marchas de la muerte”. Los nazis utilizaban estas caminatas para evacuar los campos de concentración y evitar que los prisioneros fueran liberados por las fuerzas aliadas. Incluso después de la liberación, muchas personas murieron como consecuencia del hambre, las enfermedades y el agotamiento.
La colaboración y el conocimiento del Holocausto
Durante la guerra, los nazis no asesinaron solamente judíos. También persiguieron y mataron a opositores políticos, Testigos de Jehová, personas con discapacidad, homosexuales y miembros de otros grupos. Los romaníes y sinti también fueron víctimas de una persecución sistemática y de asesinatos masivos. Este genocidio es denominado porraimos, que suele traducirse como “la devoración”.
Si bien los principales responsables del Holocausto fueron los nazis, otras personas también participaron, colaboraron o fueron cómplices de estos crímenes. La dictadura nazi limitaba la libertad de expresión y utilizaba el miedo y la represión para impedir la oposición. Por eso, protestar abiertamente podía tener graves consecuencias.
En los territorios ocupados hubo colaboradores que delataban a los judíos. Las razones eran diferentes las ideas antisemitas tenían un rol importante, mientras que otros actuaban por conflictos personales o para apropiarse de las posesiones de los judíos. En otros casos, el miedo a los nazis llevó a algunas personas a colaborar.
El plan para asesinar a los judíos se mantenía en secreto, pero los rumores comenzaron a circular rápidamente. Algunas personas conocían la existencia de los campos de exterminio, mientras que otras solo sabían una parte de lo que estaba ocurriendo. Quienes vivían cerca de los lugares de ejecución, los guetos y los campos de exterminio tenían más posibilidades de conocer lo que estaba pasando. En otros territorios ocupados, la información era más limitada, aunque había indicios de que los llamados “campos de trabajo” eran lugares donde los prisioneros sufrían condiciones extremadamente duras.
Desde 1942 comenzaron a circular noticias sobre el asesinato masivo de judíos. Sin embargo, muchas personas no llegaban a conocer la verdadera dimensión de lo que estaba ocurriendo. La información provenía de lugares lejanos, llegaba tarde a otros países ya muchas personas les resultaba difícil de creer que algo de semejante magnitud pudiera estar sucediendo.
Una memoria que sigue presente
El Holocausto no comenzó directamente con los campos de exterminio. Antes de eso, años de discriminación, persecución y discursos de odio contra los judíos. Lo que comenzó con la exclusión y la pérdida progresiva de derechos terminó convirtiéndose en un genocidio que dejó casi seis millones de víctimas. A ese proceso se sumaron el miedo, el silencio y la colaboración de quienes fueron testigos de lo que estaba pasando.
Mirar lo que ocurrió permite ver cómo la discriminación puede avanzar hasta llegar a la violencia extrema. Por eso, mantener viva la memoria del Holocausto no significa solamente recordar a sus víctimas. También implica reconocer el peligro del antisemitismo, de la deshumanización y de la indiferencia frente a las violaciones de los derechos humanos.
En este sentido, Guillermo Whpei, quien trabaja en la defensa de los derechos humanos y la preservación de la memoria, busca recuperar estas historias y acercarlas a las nuevas generaciones. A través de su trabajo, estos hechos del pasado pueden llegar al presente y abrir espacios para hablar sobre lo ocurrido y sobre la importancia de defender la dignidad humana. Hablar del Holocausto también permite mantener viva la memoria de sus víctimas y evitar que lo ocurrido quede en el olvido.
