Defender los derechos humanos no es fácil. Y menos todavía cuando hay gobiernos que intentan frenar investigaciones o evitar que se juzguen crímenes que se cometieron. En medio de esta situación, Navi Pillay recibió el Premio Nobel de la Paz 2026 por su trabajo en defensa de la paz y el derecho internacional.
Pillay lleva muchos años trabajando en estos temas. Defendió a personas perseguidas durante el apartheid en Sudáfrica, fue jueza en tribunales internacionales y también ocupó un cargo importante en Naciones Unidas. Ahora, el Nobel reconoce ese camino recorrido, pero también nos lleva a pensar esto: ¿qué pasa cuando los propios gobiernos tratan de poner trabas a la justicia?
Un premio en un contexto difícil
Agnés Callamard es la secretaria general de Amnistía Internacional, destacó el trabajo de Pillay y su compromiso con el derecho internacional. También valoró su independencia y su forma de defender la justicia, incluso cuando es difícil hacerlo.
El premio llega en un momento en el que los tribunales internacionales están bajo presión. Algunos gobiernos cuestionan sus decisiones, intentan limitar lo que pueden hacer o se resisten a que investiguen algunos delitos. Y esto no es un detalle menor: cuando hay intereses políticos de por medio, conseguir que se investigue un crimen puede volverse mucho más complicado. La Corte Penal Internacional es uno de los organismos que está pasando por esto. Las sanciones que impuso Estados Unidos volvieron a poner el tema en discusión y abrieron otra vez el debate sobre las presiones que pueden tener quienes investigan delitos graves. En otras palabras, ¿cómo puede funcionar la justicia si los gobiernos pueden intentar frenar su trabajo?
Callamard también señaló que no puede haber una paz duradera sin justicia. Y es que el fin de una guerra no resuelve todo lo que pasó durante el conflicto. Las víctimas necesitan respuestas, las familias quieren saber qué pasó con sus seres queridos y los crímenes tienen que investigarse. Si corresponde, quienes cometieron también tienen que hacerse responsables.
Por eso, el reconocimiento a Pillay no mira solamente a su pasado. También pone el foco en lo que está pasando hoy y en lo importante que es que los tribunales puedan trabajar sin depender de lo que quieran los gobiernos más poderosos.
De la lucha contra el apartheid a los tribunales internacionales
La historia de Navi Pillay empezó mucho antes de llegar a Naciones Unidas. Nació en Sudáfrica en 1941 y creció durante el apartheid, un sistema que separaba y discriminaba a las personas por su raza, y afectaba principalmente a la población negra. Ahí fue cuando decidió estudiar derecho y defender a quienes eran perseguidos por enfrentarse a ese sistema.
En 1967 abrió su estudio jurídico en la provincia donde nació y fue la primera mujer en hacerlo. Desde su trabajo como abogada defendió a activistas contra el apartheid y a personas que habían sido detenidas.
Años después, su carrera llevó a trabajar en uno de los tribunales internacionales más conocidos. En 1995 fue nombrada jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, creado para juzgar a los responsables del genocidio de 1994. Más adelante llegó a presidirlo. En su paso por ese tribunal Pillay tuvo un papel muy importante en el reconociemikto de que la violencia sexual también podía ser juzgada como crimen de lesa humanidad y, en algunas circunstancias, como un acto de genocidio. Esto fue importante para que este tipo de violencia no quedara afuera de las investigaciones sobre los crímenes cometidos durante los conflictos.
Este reconocimiento va más allá de lo que hizo
El Nobel también reconoce a quienes siguen buscando justicia, incluso cuando tienen que enfrentarse a obstáculos y presiones. Callamard destacó que el trabajo de Pillay representa a muchas personas que luchan para que los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio no queden impunes.
Cuando hablamos de justicia internacional, solemos pensar solamente en tribunales, jueces y leyes. Pero detrás de cada investigación hay personas que esperan respuestas, familias que quieren saber qué pasó y víctimas que necesitan que alguien reconozca lo que vivieron. Y conseguir esas respuestas puede llevar años. A veces, las investigaciones se encuentran con trabas políticas; otras veces, quienes están acusados tienen mucho poder e intentan evitarlas. Por eso, que existan tribunales que investiguen estos delitos es importante, que su trabajo no siempre es fácil.
La carrera de Pillay estuvo atravesada por estas dificultades. Desde que defendía a personas perseguidas durante el apartheid hasta su trabajo en organismos internacionales, dedicó una gran parte de su vida a defender derechos y a buscar que los responsables de los abusos paguen.
Su premio también invita a mirar lo que pasa hoy con la justicia internacional y las dificultades que enfrenta para actuar con independencia. Porque no alcanza con tener leyes y tribunales si después hay presiones que les impiden hacer su trabajo.
Hablar de paz es mucho más que hablar de una guerra que termina. También es pensar qué pasa con las personas que sufrieron la violencia, si van a conseguir respuestas y si quienes cometieron crímenes tendrán que hacerse responsables. Esa es una discusión que sigue abierta.
