La crisis global de vivienda impulsa nuevos modelos urbanos basados en integración y derechos


Desde Brasil hasta Jordania, distintos programas de vivienda fueron señalados por la ONU como ejemplos de integración social, urbanización comunitaria y resiliencia climática frente a la crisis global habitacional.

En un informe publicado la semana pasada por ONU-Hábitat en el 13º Foro Urbano Mundial en Bakú, Azerbaiyán, la ONU destacó la reconstrucción de comunidades de asentamientos que antes eran considerados informales pero que actualmente, con apoyo estatal, se están recuperando como espacios más verdes y seguros.

El documento señala casos exitosos de Tailandia, Jordania, Brasil y Alemania junto a nuevos enfoques para la vivienda de diversas comunidades y residentes. “Se trata de no marginarlos, desalojarlos o destruirlos sino de mejorarlos. No son éxitos aislados. Con las herramientas adecuadas, aliviar la crisis mundial de vivienda que afecta a miles de millones de personas podría estar al alcance”, explica el informe.

A nivel mundial, alrededor de 3.400 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a una vivienda adecuada, mientras que más de 1.100 millones viven en asentamientos informales y barrios marginales. Si bien el informe World Cities Report 2026: The Global Housing Crisis – Pathways to Action señala un panorama desalentador, también menciona ejemplos de lo que funciona.

El caso de Tailandia

El informe señala a Tailandia a través de su Programa Baan Mankong, que es presentado como ejemplo de aprovechamiento de la urbanización informal, demostrando que la informalidad puede ser un proceso con gran potencial para avanzar hacia una creación de ciudades más inclusivas y sostenibles.

El World Cities Report 2026 afirma que un actor clave en este proceso es el Instituto de Desarrollo de Organizaciones Comunitarias (CODI) y que es importante contar con instituciones que faciliten la gestión comunitaria, ya que la vivienda liderada por la comunidad alcanza una escala significativa cuando los residentes tienen control real sobre los recursos y la toma de decisiones en el diseño, construcción y gestión de sus hogares.

El informe afirma que el enfoque tailandés se alinea con el mensaje del documento de promover el mejoramiento sobre el terreno y la protección de las redes sociales y económicas existentes en los asentamientos informales. Este tipo de modelos son esenciales para transformar la participación de simples consultas en procesos de cogobernanza legalmente vinculantes, lo que ayuda a reducir el impacto de la especulación y la gentrificación.

También Brasil, Jordania y Alemania

El texto menciona el programa federal de vivienda brasileño Minha Casa, Minha Vida como una iniciativa a gran escala para abordar el déficit habitacional en el país. Por otro lado se menciona la implementación del “derecho a la ciudad” en las favelas y el uso de herramientas urbanísticas innovadoras como las Zonas Especiales de Interés Social (ZEIS) en São Paulo, que buscan asegurar suelo para vivienda social y facilitar la integración de asentamientos informales en el tejido urbano.

En el caso de Jordania, el informe destaca la gestión del desplazamiento en entornos urbanos, menciona un proyecto en Ammán diseñado para apoyar la inclusión de refugiados mediante la rehabilitación de espacios verdes. “Este enfoque espacial y basado en el lugar busca mejorar la cohesión social y la calidad de vida, reconociendo que los desplazados son residentes urbanos con derechos que contribuyen a la diversidad económica y cultural de las ciudades”, afirma el documento. 


Sobre Alemania se resalta el uso de viviendas con alquiler controlado como un mecanismo de política pública para garantizar la asequibilidad. Según lo expresado por la ONU, es importante que el Estado mantenga una administración pública sólida sobre el mercado inmobiliario, regulando los precios para proteger a los inquilinos y mitigar los efectos de la especulación financiera en el sector de la vivienda.

Vivienda y clima

La vivienda resiliente al clima ocupa un lugar central en la respuesta global al cambio climático, aunque es, por un lado, una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero (responsable de entre el 17% y el 21% del total mundial) y, por otro, es un activo crítico expuesto a riesgos climáticos crecientes.

Desde la ONU afirman que invertir en viviendas socialmente inclusivas y resilientes no solo permite reducir estas emisiones mediante métodos de construcción bajos en carbono, sino que también es fundamental para la adaptación a largo plazo y la reducción de riesgos ante desastres naturales como inundaciones y olas de calor. 

Por otro lado, añaden que para lograr resultados a escala, es esencial una gobernanza multinivel donde los gobiernos nacionales establezcan marcos de descarbonización y gestión de desastres, mientras que las autoridades locales los implementen a través de regulaciones de uso de suelo e infraestructura híbrida (verde, azul y gris).

En esta línea, el informe explica que la ONU enmarca la vivienda no solo desde una perspectiva económica, sino como una cuestión de derechos humanos. A su vez, insta a los gobiernos a reforzar las protecciones contra los desalojos forzosos, reconocer las diversas formas de tenencia de la tierra e involucrar a las comunidades más estrechamente en la toma de decisiones.

Guillermo Whpei