
Organismos, entidades y especialistas advierten sobre cómo las múltiples vulneraciones sociales impactan de manera directa en el neurodesarrollo de las infancias.
Entre los diversos efectos que la pobreza y la desigualdad social provocan en la sociedad a nivel global, la población infantil y su desarrollo de salud integral se convierte en un estrato de alta delicadeza. Elementos como la pobreza, hambre y otros tipos de vulneraciones a las necesidades básicas, muestran su impacto más alarmante en el neurodesarrollo de la primera infancia. Son varios los estudios, informes y advertencias por parte de especialistas que han alertado sobre cómo la brecha social y económica pone en riesgo la propia salud mental y el desarrollo cognoscitivo de niños y niñas de todo el planeta.
Los daños que este tipo de vulneraciones pueden provocar son de variada índole: desde la dificultad para procesar conocimientos e informaciones, complicaciones en el desarrollo de lenguajes o incluso hasta impedimentos para asimilar y ejecutar emociones. Esto parte no sólo de las inequidades estrictamente económicas establecidas a nivel social, sino además de los entornos de deterioro social, cultural y humanitario que la propia pobreza genera sobre el crecimiento de la población infantil.
En los últimos meses, una investigación encabezada por científicos nucleados en el King’s College de Reino Unido, registró el preocupante dato de que, por primera vez, los niveles de pobreza y desigualdad han llegado a generar cambios en el desarrollo del cerebro en los niños. Desde la óptica del estudio realizado sobre miles de niños de Estado Unidos, el fenómeno no está ligado ya estrictamente a los niveles de riqueza en cada familia en particular, sino en la inequidad distributiva de la sociedad en su conjunto en los territorios relevados.
En esto coincide un informe elaborado Ezequiel Mercurio, especialista argentino en Medicina Legal y Psiquiatría, quien ha escrito sobre el tema con un fuerte anclaje en cómo este fenómeno ha impactado en Argentina. En su trabajo “Pobreza y discapacidad en el sistema penal: los invisibles” de 2016, Mercurio remarca que, si bien los problemas de desnutrición y malnutrición inciden en los primeros años de vida, la exclusión económica tiene efectos en el neurodesarrollo durante la infancia temprana y la adolescencia a través de factores como el estrés.
Sobre este punto, explica el especialista, el impacto en el desarrollo cognoscitivo es definido como “psicosocial”. Hacinamiento, conflictos familiares, contextos de violencia en la comunidad, incertidumbre y la falta de acceso a instituciones, enumera el autor, son algunos de los elementos que van de la mano de los niveles socioeconómicos más relegados. Esto se combina con problemas estructurales y ambientales, como es el ejemplo de la contaminación con plomo en sectores urbanos.
Asimismo, sostiene el documento elaborado por Mercurio, el menor nivel de ingresos en las familias y los limitantes materiales que acarrea la pobreza estructural en las poblaciones, tiene su correlato en la falta de acceso a herramientas básicas de desarrollo para la infancia. Inaccesibilidad a bienes como juguetes, computadoras, internet, libros, o incluso al cuidado de un adulto mayor, acorralado por la sobrecarga laboral, intervienen en este proceso y se materializan en el déficit de estímulos tempranos.
Exclusión, salud y aislamiento: Impacto de la pandemia en las infancias pobres
La pandemia de COVID19 desencadenada en 2020 fue un proceso mundial que potenció la ya latente brecha entre sectores ricos y pobres a los derechos humanos y sociales básicos. En ese proceso la salud mental se ubicó entre los principales focos de atención, con las infancias como un actor central. El impacto en el desarrollo de niños y niñas tuvo su correlato en los modos en que el aislamiento afectó la vida en los estratos sociales más bajos.
En su informe de 2024, “Enfrentar la desigualdad en la primera infancia”, UNICEF y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) exponen que la pandemia evidenció las asimetrías generales en las poblaciones latinoamericanas en materia de acceso a una salud integral, acompañada por la garantía de derechos sociales básicos. Si bien el informe repara sobre la heterogeneidad de cada país del continente en sus respectivas estructuras de inversión en políticas de salud y desarrollo social, aclara que el efecto del COVID19 generó una consecuencia general en todos los escenarios.
Según el relevo de UNICEF y CEPAL, en países como Bolivia, México, Paraguay, EL Salvador y Perú, la pérdida de ingresos generada por este proceso se concentró de manera desproporcionada entre los hogares pertenecientes a los estratos económicos-sociales más relegados. En el lapso de 2020 a 2022, según el informe, el 9% de los niños menores de 5 años de América del Sur sufrieron retraso en su crecimiento, mientras que en América Central y Caribe esta cifra aumentó al 17% y 11% respectivamente.
