Cada 21 de marzo se recuerda la masacre de Sharpeville en Sudáfrica, donde la policía del apartheid mató a 69 manifestantes pacíficos. La fecha fue establecida por la ONU para impulsar la lucha global contra el racismo, la xenofobia y la discriminación racial.
El Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial se recuerda que el 21 de marzo de 1960, durante una manifestación pacífica contra el apartheid en la ciudad de Sharpeville, en Sudáfrica, la policía asesinó a 69 personas. Es por eso que desde 1966 las Naciones Unidas instaron a que la comunidad internacional redoblara sus esfuerzos para eliminar cualquier forma de discriminación racial.

En esa línea, en 1979, la ONU aprobó un programa de actividades para la lucha contra el racismo y la discriminación racial y que cada 21 de marzo se organizaría una semana de solidaridad con los pueblos que luchan en contra del racismo y la discriminación.
¿Qué fue el apartheid?
Se trató de un sistema de segregación racial aplicado en Sudáfrica y Namibia (que todavía era considerado territorio sudafricano) y estuvo vigente hasta 1992. El apartheid consistía en la creación de lugares separados para los diferentes grupos raciales, divididos en cuatro que eran blancos, negros, mestizos e indios.
Desde 1948, el Partido Nacional sudafricano llevó adelante como política de Estado
la ideología de que las personas de origen racial diferente no podían convivir en igualdad y armonía. Durante décadas, varios gobiernos reforzaron el legado de segregación racial contra la población que no fuera blanca, que representaba más del 80% de los habitantes del país.
Si bien existió una reconciliación nacional, Sudáfrica aún convive con prácticas y estructuras racistas que continúan siendo desmanteladas. Sin embargo, el racismo, la xenofobia y la intolerancia siguen siendo problemas comunes como en muchas sociedades.
El presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, ha dicho que la lucha del pueblo para superar la “pesadilla del apartheid” demostró que la unidad en la diversidad no es un eslogan sino una poderosa fuerza de transformación.
A pesar de toda la lucha contra la segregación racial en Sudáfrica, el debate no está saldado. Actualmente, un grupo de afrikáners blancos viajó a Estados Unidos como refugiado bajo un programa de reasentamiento promovido por el presidente Donald Trump, ya que el gobierno los considera como víctimas de «discriminación racial» en Sudáfrica. Esto ha generado tensiones diplomáticas entre Washington y Pretoria.
En febrero de 2025, el presidente estadounidense firmó una orden ejecutiva que denunciaba presuntas violaciones de derechos humanos contra personas blancas en Sudáfrica, alegando expropiaciones de tierras sin compensación y asesinatos en zonas rurales.
Por otro lado, Trump también afirmó que existe una «matanza a gran escala de agricultores» blancos, un argumento respaldado por el empresario Elon Musk, quien afirmó que en Sudáfrica se está llevando a cabo un «genocidio de blancos».
El caso de Estados Unidos
En esta línea, un grupo de expertos independientes afirmó que el discurso racista y de odio por parte del presidente Donald Trump y altos funcionarios estadounidenses, así como las redadas migratorias en Estados Unidos, representan “graves violaciones a los derechos humanos”.
El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CED) de las Naciones Unidas, hizo un llamado a Estados Unidos para suspender las redadas migratorias en escuelas, hospitales e instituciones religiosas.
El CED manifestó preocupación no sólo por el lenguaje, sino también por la difusión de estereotipos negativos dirigidos a los migrantes, al tratarlos como delincuentes o como una carga para el país, ya que esto “puede incitar a la discriminación racial y a los delitos de odio», expresaron desde el Comité.

Por su parte, el Partido Demócrata criticó al gobierno trumpista por la forma en la que dirige esta agenda, sobre todo luego de que dos ciudadanos estadounidenses fueron asesinados durante operaciones federales de migración en Minnesota a principios de este 2026.
El Comité de la ONU sostuvo que le alarmaban los informes sobre el uso excesivo de la fuerza y la violencia durante las operaciones de control de la inmigración.
La respuesta del gobierno de Trump llegó a través de la portavoz de la Casa Blanca, Olivia Wales, quien manifestó que “la evaluación de Naciones Unidas es tan inútil como su escalera eléctrica que no sirve, y su sesgo extremo sigue demostrando por qué nadie los toma en serio”.
Wales añadió que a nadie le importa lo que piensen los “expertos de la ONU” porque se trata de una visión sesgada, ya que para la gestión republicana los estadounidenses viven en un país más seguro y fuerte que nunca.
El Comité de la ONU pidió a Estados Unidos que revise si sus políticas migratorias se apegan a las leyes internacionales de derechos humanos. “Esto debería incluir la suspensión de redadas migratorias, incluso en torno a escuelas, instituciones religiosas y hospitales; la derogación de “medidas discriminatorias” relacionadas con los procedimientos de asilo; y el establecimiento de salvaguardas para que las agencias migratorias no tengan acceso a datos personales en bases de datos gubernamentales”, afirmaron en un comunicado.
