
Los conflictos actuales no sólo dejan víctimas humanas sino que también destruyen infraestructura vital y generan daños ambientales que pueden prolongarse durante décadas.
Organizaciones internacionales ecologistas advierten del daño ambiental que están causando las guerras a nivel mundial, según datos de Greenpeace, sólo en 2024 el mundo invirtió la cifra récord de 2,7 billones de dólares en gasto militar, un gasto que ha aumentado durante la última década.
Conflictos en países como Ucrania hasta Sudán, Gaza, Líbano, Irán o Venezuela, donde la población vive bajo influencia de los bombardeos, la guerra, la ocupación, la militarización o la violencia política muestran que las poblaciones son las más afectadas, ya que los daños se extienden mucho más que la “línea de frente”, indican desde Greenpeace.
A su vez, desde las Naciones Unidas también declaran que la guerra no solo mata personas y destruye hogares sino que también daña los sistemas que hacen posible la vida como las redes de agua, las plantas de tratamiento de aguas residuales, los depósitos de combustible, los puertos, la infraestructura eléctrica entre otros.
Al mismo tiempo, impacta directamente en la vida de las personas, con consecuencias para su vida diaria, para la salud pública en general, los ecosistemas y el clima que pueden durar décadas. Desde las organizaciones ecologistas, señalan que el daño ambiental no es casual en una guerra, ya que se trata de una de las maneras en que el conflicto transforma la vida cotidiana.
Irán y el estrecho de Ormuz
Luego de los primeros ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, la energía se convirtió en un campo de batalla directo. Las organizaciones ecologistas señalan los ataques y contraataques dirigidos a la infraestructura de los combustibles fósiles como un blanco de las guerras actuales.
En esta línea, el estrecho de Ormuz se convirtió en un punto crítico, con decenas de petroleros que transportaban miles de millones de litros de petróleo atrapados en el golfo Pérsico. Sobre esto, Greenpeace Alemania advirtió que un solo derrame de petróleo en el golfo podría dañar irreparablemente el hábitat marino, con consecuencias devastadoras para las personas, los animales y las plantas de la región, sumado al costo humano de esta guerra ilegal.
Las advertencias son a partir de las investigaciones y los informes de otros conflictos, Greenpeace señaló que en Gaza, un análisis realizado por la fundación, demostró los graves daños al agua, el saneamiento, los cultivos y la pesca, junto con estimaciones que indican que los primeros 120 días de la guerra generaron más de medio millón de toneladas de dióxido de carbono.
Organizaciones ecologistas advierten que la combinación de bombardeos, colapso de infraestructuras y contaminación hace que un lugar sea más difícil de habitar, menos saludable y menos resiliente al cambio climático.
El agua del golfo
Durante estas semanas, con la expansión de la guerra se involucró a países vecinos del Golfo y algunos analistas expusieron que hay otro recurso vulnerable que se ha puesto como objetivo y es el agua.
Según datos del Banco Mundial, la región de Medio Oriente y el Norte de África concentra apenas el 2% de agua dulce renovable a nivel mundial, lo que explica su fuerte dependencia de la desalinización para garantizar el acceso al agua.
La escasez hídrica en la región responde a condiciones estructurales como el clima árido y la limitada disponibilidad de recursos naturales. Sin embargo, el auge de la industria petrolera y el crecimiento económico asociado incrementaron la demanda de agua profundizando la presión sobre reservas que de por sí son escasas.
Will Le Quesne, del Centro de Ciencias del Medio Ambiente, la Pesca y la Acuicultura de Omán, sostuvo que en 2021 el volumen total de producción de las plantas desalinizadoras que extraen agua del Golfo superó los 20 millones de metros cúbicos diarios, “lo que equivale a llenar 8.000 piscinas olímpicas cada día”.
Por otro lado, la agricultura y la producción de alimentos también dependen del agua desalinizada en el Golfo, dado que las reservas de agua subterránea se han agotado en toda la región.
Por esto, la infraestructura hídrica de la región se encuentra en peligro y representa una vulnerabilidad estratégica que quedó en evidencia con los ataques de Estados Unidos, Israel y sobre todo de Irán contra estos países.
Uno de los elementos que señalan las organizaciones internacionales es que los objetivos de los conflictos bélicos ya no son solo apuntan a infraestructuras militares sino también a civiles como pueden ser refinerías o almacenes de petróleo.
Desde Greenpeace señalan que una de las mejores formas de evitar la dependencia en guerras como la que se observa hoy en la región de Medio Oriente, es abandonar el uso de combustibles fósiles ya que no solo se puede contribuir a un mejor futuro posible sino que además se rompería con la fragilidad que se observa en los países del Golfo.
