Humedales en peligro, el ecosistema que sostiene la vida y regula el clima 

Con capacidad de capturar carbono y amortiguar eventos extremos, estos ecosistemas cumplen un rol estratégico para la resiliencia climática, aunque su pérdida avanza a un ritmo acelerado.



El 2 de febrero fue el Día Mundial para la preservación de los humedales. Se trata de ecosistemas biológicos que almacenan hasta 50 veces más carbono que las selvas tropicales y albergan todo tipo de vida silvestre.

Según estimaciones de Greenpeace, el 40% de todas las plantas y animales viven y se reproducen en humedales y más de mil millones de personas dependen de ellos para vivir. Los humedales existen en todos los climas y continentes con excepción de la Antártida. Varían en tamaño, desde pequeñas zonas de pradera hasta enormes marismas.

Estos ecosistemas tienen un rol vital en la lucha contra el cambio climático. Pueden actuar como un escudo contra los fenómenos meteorológicos más extremos, indica Greenpeace.

Al tener niveles de agua cambiantes y una mezcla de agua y tierra, los humedales son puntos críticos para la biodiversidad. Tienen una rica vida vegetal que proporciona alimento para innumerables animales. En los humedales de agua dulce del mundo, hasta el momento se han identificado unas 100.000 especies diferentes de animales, según datos de las Naciones Unidas.

Humedales amenazados

Actualmente se encuentran entre los ecosistemas más amenazados del planeta, a pesar de su aporte directo a la estabilidad climática y a la reducción del riesgo de desastres.

Un documento publicado por la Convención sobre los humedales, advierte que ya se ha perdido el 35% de los humedales desde 1970, una tendencia vinculada a la expansión agrícola, el drenaje de turberas, la urbanización y la degradación de zonas costeras. Esta pérdida no solo implica la destrucción de biodiversidad, sino también el debilitamiento de funciones ambientales esenciales, como la absorción de excedentes de lluvia, la regulación hídrica y el almacenamiento de carbono, indica el texto. 

“Cuando los humedales se degradan o se drenan, pueden dejar de actuar como sumideros y convertirse en fuentes de emisiones, aumentando la vulnerabilidad de las comunidades frente a sequías, inundaciones y eventos climáticos extremos”, explica el documento de la Convención.

Greenpeace advierte que la degradación sería como retirarle el sistema de venas al cuerpo humano y pretender que sobreviva sin su aparato circulatorio. “La degradación a través de la quema, su fragmentación, su relleno, su drenaje forzoso, el desvío de su curso, su consumo hasta su desecación y su contaminación nos quita posibilidades de seguir viviendo”, afirma la organización.

Calor, frío e inundaciones en enero de 2026

Un ejemplo del impacto climático a nivel mundial se registró en el primer mes del año. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que enero tuvo récords de calor, frío e inundaciones. Lo que ha llevado a sus responsables a hacer un nuevo llamado a los países e instituciones para invertir en sistemas de alerta temprana.

Mientras en Australia y varios países de Sudamérica sufrían olas de calor extremo e incendios, con temperaturas que rozaron los 50 grados, una masa de aire ártico provocó tormentas de nieve históricas en Norteamérica, Europa y Rusia. A la vez que lluvias torrenciales causaron inundaciones catastróficas en el sudeste del continente africano.

La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, vinculó estos fenómenos con el calentamiento global, que hace los eventos extremos más frecuentes e intensos, y destacó que las muertes por desastres son seis veces menores en países con buenos sistemas de alerta temprana.

Los científicos de la ONU confirman que el cambio climático hizo que la reciente ola de calor en Australia fuera casi 2 grados más caliente que en veranos anteriores, y que se multiplicó por 1,4 la intensidad de las lluvias en el sur de África. Mozambique fue uno de los países más afectados, donde 700.000 personas se han visto perjudicadas por inundaciones. 

Xavier Creach, representante en el país africano de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), manifestó que el país africano se está convirtiendo, lamentablemente, en una especie de “campeón” climático, con mucha experiencia en este tipo de desastres. 

El representante de ACNUR también explicó que las personas con las que se contactó la organización, debido a las intensas lluvias, ya han sufrido dos plagas de mosquitos en los últimos 15 años, y cada vez que hay inundaciones pierden sus casas, sus pertenencias, sus medios de vida y sus tierras de cultivo sufren daños graves.

Estas inundaciones se producen tan sólo meses después de que la población mozambiqueña se recuperara de la peor sequía de su historia reciente, indicaron desde la OMM. 

Desde las Naciones Unidas sostienen que para mitigar las catástrofes climáticas, es necesario también una respuesta coordinada que combine políticas públicas, participación comunitaria y compromiso social a nivel internacional. 


La Convención sobre los humedales advierte que estos ecosistemas cumplen funciones ambientales estratégicas, ya que contribuyen a regular el ciclo del agua, aplacar inundaciones y sequías, y almacenar grandes cantidades de carbono, por lo que su degradación impacta de forma directa en la resiliencia climática y en la seguridad de los territorios. 

Tal como también lo sostiene la OMM, el documento de la Convención sobre los humedales afirma que “los individuos, las comunidades y los gobiernos deben trabajar juntos para proteger estos ecosistemas”. La protección efectiva de estos no depende sólo de decisiones institucionales, depende también de acciones locales y regionales, educación ambiental, planificación territorial y financiamiento suficiente para su restauración y sostenibilidad. 

Guillermo Whpei