
El líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación fue abatido con apoyo de la inteligencia estadounidense. La reacción violenta del crimen organizado reavivó cuestionamientos sobre la eficacia de la llamada “guerra contra las drogas”.
Pasó un mes del operativo de las fuerzas federales de México que abatió al narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, alias “el Mencho”, considerado el máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Luego de su muerte, hubo reacciones en las calles, bloqueos y quema de vehículos, por lo que se tuvo que cerrar el aeropuerto de Puerto Vallarta, al mismo tiempo que había otras ciudades en alerta.
La escena posterior al asesinato de “el Mencho” fue un amplio despliegue de las fuerzas de seguridad y militares mexicanas pero también mostró ciudades paralizadas por el poder del crimen organizado. La respuesta del narco fue no sólo bloqueos sino que atacaron carreteras y obligaron a las autoridades a tomar medidas de emergencia como a suspender las clases en varios estados en donde hubo temor de que se propagara la violencia.
En esa misma línea, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, pidió a los habitantes que permanecieran en sus casas y evitaran desplazamientos no esenciales, y decretó medidas de seguridad. A su vez, lo mismo recomendaron autoridades internacionales a sus ciudadanos en todo México.
Hace casi 20 años que México declaró la guerra contra el narcotráfico y debido a esto, acumula más de 460.000 homicidios, lo que representa una cifra difícil de dimensionar porque detrás de cada número hay comunidades enteras atravesadas por el miedo y generaciones que crecieron normalizando la violencia.
La guerra contra el narcotráfico
Por el operativo que abatió a “el Mencho”, desde los medios de comunicación se reprodujo la imagen de México como territorio gobernado por los cárteles de droga, presos del narcotráfico. Un relato construido que traspasa los gobiernos, inclusive el actual de la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, no es posible desconocer que estas imágenes forman parte de una arquitectura impulsada por Estados Unidos de la “guerra contra las drogas”, que si bien busca “recuperar la paz y la seguridad”, derivó en un conflicto prolongado entre el Estado y organizaciones criminales.
En esta línea, se abrió un debate profundo en el país sobre la efectividad de la estrategia intensificada durante la gestión de Felipe Calderón que continuó durante el resto de los gobiernos subsiguientes. Investigaciones académicas muestran que el énfasis en la represión, las detenciones, los operativos y los enfrentamientos no ha reducido de manera sostenida la violencia ni el poder de los cárteles.
Por otro lado, algunos expertos señalan que estas políticas de la “guerra contra las drogas” pueden aumentar la violencia si no se acompañan de políticas sociales que reduzcan el reclutamiento criminal. A su vez, otros académicos señalan que tampoco fortaleció la soberanía del país porque la estrategia consolidó mecanismos de injerencia y condicionamientos diplomáticos.
En algunos análisis, la “guerra contra el narco” es definida como un dispositivo de control social y disciplinamiento regional, que además justifica la expansión militar, la vigilancia y la subordinación política en nombre de la seguridad.

Por su parte, organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos advirtieron sobre el impacto de la violencia estructural y la necesidad de repensar las políticas públicas más allá de un enfoque estrictamente militar.
En un artículo del semanario alemán Focus, titulado «El señor de los gallos» analiza qué se puede esperar en México luego del asesinato de “el Mencho”, según el texto, que Estados Unidos haya participado en el operativo podría provocar una guerra entre bandas y romperá el equilibrio del terror en el país.
Además, Focus también señala que si bien la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó la estrategia Kingpin, que se derrota a los cárteles eliminando a sus líderes, la usó con el apoyo de servicios secretos estadounidenses. Según este artículo, la mandataria fue presionada por el gobierno de los Estados Unidos.
Por su parte, en una entrevista de Der Spiegel al politólogo mexicano Carlos Pérez Ricart, también se señala la posibilidad de la disputa interna por el poder luego del asesinato de “El Mencho”. Pérez Ricart afirma que “el cártel de Jalisco está presente en 28 de los 32 estados, por lo que el conflicto entre sus miembros y los grupos rivales se libra en casi todas las ciudades. Pero esto no ocurre de forma inmediata».
El caso mexicano se volvió paradigmático para el debate regional sobre cómo abordar el problema del narcotráfico. Cuando la violencia deja de ser un hecho extraordinario y pasa a formar parte del entorno visible, el problema ya no se limita al crimen organizado, sino que se observa la fragilidad del Estado para construir un futuro de estabilidad, orden y justicia. El desplazamiento de la violencia como evento a la violencia como paisaje es uno de los ejes centrales del debate político y académico de la estrategia de la “guerra contra las drogas”.
